Trabajamos, jugamos,
creemos que lo tenemos todo
bajo control.
Pero un día nos vemos obligados
a soltar las mentiras y reconocer que
la vida es frágil.
Recogemos nuestros recuerdos y esperanzas en una
cesta de hierba que se marchita a medida que nuestro
futuro se desvanece.
Quizás intentemos aferrarnos,
con los dedos apretados,
los labios blancos y el miedo colgando
de la rama de un árbol sobre el acantilado.
Entonces, poco a poco, mientras el control
se nos escapa de las manos,
abrimos nuestras manos,
eligiendo soltar y surcar los vientos salvajes.
5 de agosto de 2011
Revisado el 2 de marzo de 2026
Elena Huegel